sábado, 29 de diciembre de 2007

Blanco casi perfecto

La habitación vacía, nadie cabe dentro, ni siquiera tus pensamientos.
Una mesita de escritorio, las sillas atestadas de libros a un lado de la sombría escalera y esa cama, refugio imperturbable de tus sueños, de esos sueños que desconocí, que jamás logré comprender. Las murallas atiborradas de anticuados recuadros, confeccionados tal vez por algún pintor de fama desconocida y esas hojas, donde realizabas anotaciones con una caligrafía ilegible, que solías adherir de una forma casi obsesiva a las murallas, quizás lo sabías, sentías una premonición de ese virulento Alzheimer, que te invadió sigilosamente un 23 de abril y te sumergió en una blanca masa absorbente, hambrienta de tus sueños, de tu mundo, de tu vida, de tu identidad, y de tus recuerdos. Sí, era el silencio el que irrumpió cada uno de tus proyectos, fueron las incoherencias que brotaban de tu boca, las que te ahuyentaron de los tuyos. Tus manos se tornaron frías, ya no eran humanas. El fulgor de tus ojos, se desvaneció. El calor de tu pecho, se fragmentó. Mi retina se cerró y de pronto, todo desapareció, el mal había avanzado; mi pecho sabía que nada volvería a ser como era antes. Juego de ajedrez, cuadros, tazas, sombreros, pinturas, cursilerías, bolsas, remembranzas, mi familia, exasperaciones, desdichas y regocijos, fueron fáciles presas de esta agonía incurable. De improviso, dos gotas saladas tiñeron de un gris otoñal mi camisón preferido.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Carta

Triunfos de aquellos que nunca obtuviste, de las manos fibrosas que siempre ocultaste, de esa mirada lánguida y temerosa, de esos brazos acogedores y resueltos, de esas perturbadoras ensoñaciones, de tus juegos sarcásticos, de mi debilidad paulatina, de mis lágrimas imaginadas, de tu incomprensión permanente, de las remembranzas inolvidables, de tu evocación dorada, de tus atuendos atrayentes, de tu cándido aroma, de tu cintura estrecha, de tu mundo y mi risa, de tus juegos infantiles, de tus guantes de seda, de tu sutileza y mi fiereza, de tu dulce inocencia, de tu cabello inmanejable, de tu aura rimbombante, de tu vasto vocabulario, de tus ojos fulgurantes, de tus lunares interestelares, de tus senos sumisos, de tu sabor inalcanzable, de tus colores esplendorosos, de tu recato y de mi torpeza, de tus juegos lingüísticos y de mi inexperiencia amorosa, de tu raudo transitar, de tus melodías pegajosas, de tu adverso destino, de tu volcánica plenitud, de tu fuego envolvente, de tu silencio sombrío, de mi tozudez y tu calma, de mi violencia y tu entereza, de tu decisión de marchar y mi inevitable desfallecimiento, de tu perfección y de mi retroceso, de mi dependencia y de tu engaño, de tu agria indeferencia y de mis errores recurrentes, de mi culpa y tu ingenuidad, de mi veneno y tu antídoto, de mi enfermedad contagiosa y de tu pureza, de mi desfachatez y de tu elegancia, de tu soltura, de tu piadoso comportamiento, de todo aquello que perdí y que olvidaré en un futuro incierto. Te amo.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Brújula

Aunque no creas,
Te comprendo.
Tus llantos afloran en tu mundo nocturno,
Cuando no existen manos que puedan salvarte,
Pero no creas que todo está perdido,
Observa el arco iris detrás de la colina,
No sientes como las flores gimen tu partida,
Extrañan ese ser que solía habitar dentro de ti,
Ese ser fuerte e implacable.

Sé que las lágrimas no brotan,
Nadie dijo que era fácil,
Anida esos sueños,
Que dejaste escapar,
Rescata la inocencia,
Bate esas alas,
Que un día decidiste fragmentar,
Aún no es tarde,
Sé que puedes.

¿Dónde están los campos de trigo?
Y ese bello color sepia que habitaba en tu alma,
¿Dónde quedaron esos hilos de plata?
Sigue tu camino,
Ya no puedo auxiliarte,
Sólo tu instinto,
Sé que puedes.

Sigue la ruta directa,
La que tu alma te dicté,
Son muchas las vías,
Que deberás transitar,
Pero tan sólo un camino
Te llevará a la salida.

Hay caminos pedregosos,
Sombríos, con trampas y peligros.
Pero no tengas miedo,
Tu brújula te acompaña,
Esa joya preciada de profundas raíces,
Arraigada en tu sabia,
En tus venas y en cada una
De tus corazonadas.


martes, 13 de noviembre de 2007

Inocencia



En la noche tus ojos se camuflan con el verdor del paisaje,
Tu cabello azabache se enmaraña entre los matorrales de trigo,
Tu vientre virginal deposita mis sueños inquietantes,
Mis aberraciones y mis miedos.

Este bosque es el escenario de nuestros encuentros,
Aquí tu piel se adhirió a las frías rocas,
Aquí tus labios burbujearon palabras indecorosas,
Aquí tu carne se incrustó a la mía,
Aquí explotó tu volcán interno,
Aquí tu tez lozana se iluminó por completo,
Aquí tus rizos destellaron brillos inexistentes,
Aquí acariciaste una promesa inquebrantable,
Aquí tu vestido cambió de forma,
Aquí evolucionaste,
Aquí tus ojos se tornaron más esplendorosos,
Aquí abrazaste unos besos robados,
Aquí tu infancia se desfloró.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Cansancio

Miles de voces sucumben ante ti y
las horas se detienen,
se inmortalizan,
se hacen eternas.

Tú te burlas,
sabías ¿Qué yo soy tu juguete de devoción?,
siempre me escupes,
me empapas,
me haces daño,
me haces sangrar.

El tiempo me ha dado la razón,
los recuerdos dolorosos perduran en mi mente,
mis ojos derraman gotas líquidas,
mis sollozos no los escuchas,
sé que no debo llorar y
que mi rostro ajado por el paso de los años,
no ha causado ninguna sensibilidad en ti.

Los castillos se han derrumbado,
las risas de las aves nocturnas se hacen presentes,
los muertos se olvidan.
Sin embargo, continuo con mis negros silencios,
cion los secretos bajo la puerta,
con los miedos nocturnos,
con mis uñas entrecortadas
y con un triste desazón imborrable.

martes, 6 de noviembre de 2007

Putrefacto

Las fibras de carnes se vuelven irreconocibles, el envoltorio de piel ya no me pertenece. Mis ojos son dos tragaluces de penas y escombros. Mi boca es un semillero de gérmenes y palabrotas. Mi nariz está atestada de fisuras y malos recuerdos. Mis manos son dos seres tímidos e involucionados. Mis cejas son dos inservibles montículos velludos. Mis dientes son una estructura de cobre desproporcionada y maloliente. Mi cuello alberga rugosas marcas imborrables. Mis codos deshidratados refugian un número indeterminado de granitos grisáceos. ¿Quién dijo que éramos normales? La mirada delata ese sopor de extrañeza, algo te ocurre, algo habita dentro de ti, algo que lentamente comienza a absorberte. Ni en los sueños nocturnos puedes desviar la mirada, de ese dolor vacío que te aprisiona. De pronto, tus manos palmotean lenguajes inexistentes, tus piernas sudan con insistencia y tus brazos enjutos huyen a regañadientes. Tú sabes que mis fisuras no han sanado, pero ahora no te quejes, porque la espeluznante criatura sólo tu desprecio la ha originado.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Tristeza


Recuerdas el lago de aguas sombrías, donde solías sumergirte durante las noches de luna llena y ese sauce llorón de follaje melancólico, que te entristecía de una manera súbita. Más tarde, caminabas bajo los cerezos, refugiando las esencias de aquellas flores rosáceas. ¿Qué era lo que te conmovía? ¿Por qué tu piel se resquebraja con tanta facilidad? ¿Quién era el culpable de ese estado lamentable? ¿Por qué no dejas que pueda ingresar a tus pensamientos?, yo tengo la clave para ayudarte. Yo sé lo que necesitas, coge mi mano y no la sueltes más.

Sensibilidad

Un gato contemplaba dubitativamente la luna, apoyado sobre un alféizar. Las grisáceas córneas del felino, escudriñaban diariamente los diversos semblantes del satélite. De pronto, su pelaje blanquecino se erizó, sus orejas se inclinaron hacia atrás y un recóndito maullido brotó de su vientre. Tras meses de investigación, al fin había logrado develar el secreto del astro. Conocía su lenguaje, sus dictámenes y sus vaticinios. El animal corrió velozmente entre los tejados, pero sus obstinadas extremidades ya no le respondían como antes. Su visibilidad era difusa y su tibio pecho ronroneaba de felicidad por su gran descubrimiento. Sin embargo, no pudo. Falló en el cálculo del brinco, luego su cuerpo diminuto cayó de bruces, desplomándose violentamente en el pavimento.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Lágrimas


Secreciones de cristal que brotan en períodos de alegría, rabia o tristeza. Suelen ir acompañadas de una contracción del tórax. Los síntomas posteriores son la irritación ocular, visión nublosa, jaqueca y disminución del metabolismo. Para llorar debe remontar sus pensamientos a un hecho que lo acongoje y emocione. Luego debe respirar de manera brusca, sintiendo como el oxígeno ingresa a sus bronquios. Si posee alguna fotografía de un ser querido fallecido, podrá potenciar el ritmo de sus quejidos. También si tiene dotes actorales, logrará incrementar al máximo el nivel de sus sollozos. Jamás se le ocurra ingerir sus lágrimas, ya que tienen un sabor que raya entre lo salado y agrio.

Puta

Debía maquillar esa faz estropeada por el transcurso de los años, por unas manos que no eran suyas, que no le pertenecían. Arremangó su falda, fingiendo ser la reina del burdel y bebiendo para olvidar sus penas, recordando los dichos de sus antecesoras, las rameras no debían enamorarse. Cercana la noche, la meretriz buscó el atuendo de lentejuelas, que tanto detestaba, luego salpicó su pescuezo con ese anticuado brebaje que deleitaba a los visitantes que pernoctaban en el recinto. Adentrada la noche, comenzaron a ingresar los clientes más arcaicos del lenocinio, exigiendo cuerpos fértiles para satisfacer sus insanas pasiones. Sabía que tendría que fingir como todas las noches, aparentando un goce lejano. Sin embargo, sus penas aflorarían, en ese cuarto oscuro cuando nadie la viera. Llorando por su inocencia robada, por ese destino forzoso, sintiéndose en un laberinto sin salida. Lo que para algunos era un regocijo, para ella era una desdicha eterna. No obstante, debía continuar el júbilo reinante, ya que en unas horas más, vendría su madre, la prostituta más vieja del lugar. Ella quería un futuro distinto, pero no podía, tendría que prolongar la tradición familiar, heredada de generación en generación.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Simplemente patético


Avanzo paso a paso, no logró distinguir esa silueta, la que cautiva los delirios recónditos de mi mente. Me exaspero, corro y sollozo por dentro, tan lejos y a la vez tan cerca ¿Dónde estás? ¿Qué no comprendo?

No ves la pena que acongoja mi alma, no ves lo insignificante y lo vulnerable que me tienes, sonámbulo de mis propios miedos y obsesiones.

Esperaré pacientemente, tú regreso triunfal, en donde tus labios se fundirán con mi boca, en un abrazo eterno.

Femicidio

El cielo y la tierra sollozan desconsoladamente, sus lágrimas claman por justicia. Los jueces de la corte ignoran sus lamentos. En un rincón de la sala, afloran los verdugos, seres bárbaros y sin contemplaciones. Individuos homogéneos, sedientos de sangre, imploran con prontitud el sacrilegio. Nadie las escucha, nadie las ampara, sus gritos son herméticos. No logran conmover a la racionalidad humana. Se dicta la sentencia, las 52 serán ejecutadas. De pronto, las féminas se unen en una conmovedora danza celestial, aferradas a sus manos tristes y a sus rostros maltratados. El destino las venció. Ellas se creían fuertes, capaces de soportar las torturas de sus amos, de los dueños de sus vidas: sus esposos. Hadas mías, el amor, no es sinónimo de violencia, sus trajes manchados de una intensa sangre, denunciaban los vejámenes que fueron sometidas. Sin embargo, es tarde, la oscuridad irrumpió detrás de la colina, donde yacen cincuenta y dos cruces frías y lúgubres. Sus gritos ensordecedores nos acompañarán de por vida, sus mudas lamentaciones, su dolor en solitario, nos recordarán nuestra confabulación con el silencio, que es uno de los principales artífices del desamparo ante sus homicidas.

martes, 30 de octubre de 2007

Mar

Me sorprenden tus movimientos, tus contorneos por la playa y esa exuberancia que transmites a cientos de kilómetros.

También ese viento imperturbable que te rodea, esas emociones encontradas que provocas, esa profundidad que entregas y esa luz que irradias. Mar eres un rincón fértil, un refugio de vida, un sustento de trabajo, un hábitat inexplorable, un cuadro de inspiración, un lugar de enamorados, un sitio de dolor y encuentro.

Me calmas, me entregas el sosiego necesario para continuar en este juego caótico llamado vida. La luminosidad de tus gotas me invita a ingresar a tus aposentos. Tu espuma me empapa y tu brisa me retorna a momentos relegados de mi infancia.

Durante el atardecer el sol se sumerge en tus faldas y un tono rosáceo invade cada centímetro de tu oleaje. Más tarde, en la noche la luna blanca se regocija con tus manjares, iluminándote y enterneciéndome.

sábado, 27 de octubre de 2007

Sálvate


El tiempo ha pasado,
Pero las huellas del recuerdo,
No las has superado.

Te he visto en las noches de luna llena,
Como observas la ventana,
Buscándome.

Sin embargo, siempre te acompañaré,
Yo conozco esas pulsaciones,
Sé que eres vulnerable,
Que tras esa imagen implacable,
Hay una niña indefensa que solloza,
Por su juguete extraviado.

En tus sueños me invocas,
Pides que te auxilie,
Que te aferre entre mis brazos fuertes,
Que consuele esa desdicha,
De ese padre ausente.

Niña, báñate en el río,
Alivia tus heridas,
Cicatriza tu alma,
Obtén mi fortaleza.

Si quieres me ofrezco,
En tu plegaria,
Sin fortaleza,
Te destruyes,
Yo refugiaré tu morada.

La lejanía me mata,
No quiero herirte,
Déjame sanarte,
Permíteme ser el bálsamo,
De todas las calamidades,
Quiero fortificarte.

No será un sacrilegio,
Más bien un intercambio,
En la hoguera,
Me verás,
Exhortando una ayuda,
Una guía,
Tan sólo alguna salida.

El destino lo determinó,
No quiso que estuviéramos juntos,
Este trueque es eterno,
Te amo,
Simplemente.

No sabes lo que se siente,
Hay que batir las alas,
Alejarnos,
Vaya que duele.

viernes, 26 de octubre de 2007

El paso del tiempo

Sentía el cotidiano vaivén de la antiquísima silla mecedora de la abuela. Me costaba aceptarlo, pero ese sonido gutural ya formaba parte de mí. Vivíamos en la vieja casona, ubicada afuera de la ciudad. La casa fue la herencia de un antepasado que nunca conocí. Sólo en una fotografía, de un álbum relegado en algún rincón de la morada. Bueno, pero eso en este preciso momento, no nos importa. Ella era una octogenaria, de rasgos menudos, algo huraña. Solía mantener su vista durante horas dirigida hacia el piso. Me estremecía, esa quietud cuando observaba la tierra seca y compacta. A veces, pensaba que mi abuela había pasado gran parte de su existencia contemplando el suelo. Durante la noche, la llevé al cerro más alto. Aquel era mí montículo verde, me pertenecía, ya que estaba al tanto de cada uno de sus secretos y de sus recónditos lares. Fue conocedor de mi infancia, de mi juventud y de mi madurez. De mis primeros amores, de las cazas con rifle junto a mi padre y de las infaltables fechorías de niño. Me costaría aceptar que en unos años más, sería demolido y que una parte de mi vida también sería arrancada de cuajo. Un pomposo edificio, se instalaría en su lugar. Me aferré a su áspera mano y la conduje. Su transitar era parsimonioso. La acomodé en el respaldo del asiento. Sus ojos se entrecerraron, sus aletargados brazos se situaron en dirección hacia las estrellas adheridas al firmamento y su nariz refugió el perfume de las flores campestres. Gracias, me dijo. Sabía que esa sería su última noche, al igual que este majestuoso sendero.

jueves, 25 de octubre de 2007

Vida

He derramado muchas lágrimas, ante los cuerpos mutilados de mis ancestros. He visto crecer la hierba mustia, frente al riachuelo que crece entre los cerros. He respirado la brisa marinera que me fecunda, durante las tardes tristes. He cantado alguna estrofa de esa canción inolvidable, de mi juventud robada. He visto el lucero de la mañana, con todo su esplendor. He inspirado el aroma del polen de las flores silvestres. He recolectado frutos del bosque. He aventado diminutas piedras en el mar. He crecido junto al alerce milenario. He vibrado con el paso de las sutiles luciérnagas. He recogido cada residuo marino. He degustado las algas más exóticas del poblado. He sumergido mis pies en el frondoso lodo de la rivera. He presenciado el cielo violáceo, durante el atardecer.

Maquillaje


Sus verdes ojos acuosos se detuvieron de forma instantánea. Observó detenidamente la mesita junto al espejo. Fue uno de los segundos más largo, de toda su vida. Un descontrol se adueño de sus sentidos, apareció de uno de lo cajones, un artefacto boca de fuego, rectangular, y de sombríos colores: el alisador de pelo que tomó una mecha de su cabello. Luego, derramó una máscara verde maloliente sobre su rostro. Unos huevos golpearon, con violencia su cuero cabelludo. El ritual continuaría durante la noche. Bases, Rubor, Lápiz labial, Sombras, Máscaras, Delineadores y Polvo de arroz, eran tan sólo algunos de los cuantiosos invitados. Cada uno de los presentes se jactaba de poseer diversas propiedades curativas. Sí, curativas. Sanadoras de su alma, de su obsesión, de su locura, de lo único que le permitía sentirse feliz por tan sólo un momento: sentirse bella. Sí, bella. Demencial, cierto, ¡No lo crean! Su infancia, revivía dolores que creía olvidados. La risa, la burla, la mofa. Sí. Todos alguna vez fuimos niños. Ella no. Se refugió en sus cuadernos, en sus libros, en su mundo de fantasía. Era una extraña, en un mundo que no le correspondía. Era la fea, la tonta, la inadaptada, la que de los chicos se ahuyentaban. Ese día el insomnio era latente, no podía conciliar el sueño, algo le ocurría. Fue a la recámara de su madre, abrió desaliñadamente un baúl. Los recuerdos caían a borbotones dentro de su mente, las imágenes de su soledad, de sus juegos en aquel columpio desgarbado de la plaza gris que ya nadie recordaba, de sus llantos junto a la cálida chimenea y de la Navidad que esperó en vano. Sintió como repiqueteaban sobre el techo, las primeras gotas de lluvia que anunciaban el paso del gélido invierno. Se aferró a su enajenado sueño. Sus manos torpes, abrieron su cofre mágico. Contempló desorbitada los objetos multicolores que había en su interior. Una lágrima rodó por su mejilla, sabía que jamás volvería a ser la misma.




miércoles, 24 de octubre de 2007

Caída límite


Siento un vacío que me cala por dentro,
Me siento preso de un naufragio desolado,
Me acompañan rostros volubles,
Dueños de la daga de la muerte.

Intuyo el peligro,
Respiro el choque del oleaje con las rocas,
Me abandona la consciencia,
Y me sumerjo en un profundo lamento.

Las puntiagudas piedras atraen mi atención,
Me invitan cortésmente a dar un brinco,
La idea me seduce,
Inspiro violentamente.

Retrocedo,
Mi lengua está seca.
Imágenes volátiles inundan en mi mente,
El recuerdo de una infancia perdida, de un sueño rotundo,
De algo que no se hizo y se lamenta,
De las lágrimas no regaladas,
De los secretos junto a la puerta,
De tu mundo y mi jardín,
De tu lucha inalcanzable,
De la fecha que olvidaste,
¿Viste las solitarias hojas en la plazoleta donde nos conocimos?

Me muerdos mis labios, noto como la sangre hierve,
Respiro los colores de esta tarde mágica,
Que podría haber sido de los dos. Sin embargo, tú te opusiste.

No sabes lo que es vivir sin destino,
Cautivo de tus propios recuerdos,
De tus frustraciones y abandono.

El rabillo del ojo, se detiene en un punto fijo,
Contemplo por última vez el horizonte,
Apretó con estridencia mis dientes,
Su rechinar debilita mis sentidos.

Mis ojos son dos rosáceos cúmulos de dolores insospechados,
Mis brazos inertes que no lograron retenerte,
Mis escuálidas piernas, dignas de tus sarcásticos comentarios,
Mis silencios abrumadores que te alejaron de mi lado,
Mis orejas coniformes de tu desagrado,
Mis cuerdas vocales que nunca percibiste,
Mis tórridas arterias, venas y sangre, y sus esquirlas inflamables.

sábado, 20 de octubre de 2007

Dolor de Muelas

Mi cabeza se vuelve añicos. Un dolor punzante en mi boca, me mantiene, sin ningún grado de lucidez. Mi desanimo se acrecienta. La boca me sabe a arena y un líquido inoportuno exuda de mi frente. Un dolor desgarrador invade mi universo. Intenso y ardor se confluyen en un juego maquiavélico. ¿Por qué a mí?, me pregunté. Quizás es algún castigo divino, que se yo. Lo único que sé, es que estoy un día viernes a las 17:30 de la tarde, en una fila interminable. De pronto surge de las profundidades, un ser aborrecido por sus cualidades curativas, por sus instrumentos tenebrosos y dignos de cualquier filme cinematográfico de terror: el dentista. Con su sigiloso deambular, sus guantes de látex y su albino delantal inspira una atmósfera de curiosidad y misterio. Prepara su arsenal de herramientas, con una serenidad incomparable. Observo que una mascarilla blanca rodea su boca, abruptamente corta el silencio y dicta mi sentencia de muerte: Acomódese en el asiento, por favor.

Espejos

Espejos. Los hay redondos, oblicuos, cuadrados, planos, rectangulares, convexos, cóncavos, grandes, diminutos, de bolsillo, de automóvil, vitrina, botiquín de baño y con o sin margen. Elementos rastreadores de fisonomías y rostros, capaces de identificar a los seres que osen desafiarte. ¡Ay!, pobre del que se atreva a malheriste, quizás que desgracia vengativa le envíes. Espejo, maestro de la reflexión, padre de la magia y hechicería que te envuelve. Transmisor de imágenes, déjame advertirte sobre tu principal punto de debilidad: eres un adminículo incapaz de leer los sentimientos humanos, las emociones y los deseos. Recuerda, querido señor de la imagen, el espejo de Oesed, aún no se ha diseñado y mientras, no exista un objeto apto de percibir los sueños más profundos de los mortales, me atrevo a decir que su legado habrá terminado.

Sentidos

Mariposas en tu vientre, en tu vientre de mujer. Son aquellas coloridas, que tuviste alguna vez. Y por más que luches, no podrás tenerlas. Es imposible alcanzarlas, ya que no puedes elevarte. Ven, olvida lo terrenal y revive esa emoción que perdura en tu corazón y te invade en tus sueños, sin dejarte vivir en paz. Aférrate que golpea tu guarida y que te mantiene viva, fortificando tus raíces, para lograr la evolución. Vamos a un sitio que te aleje, de ese mundo tan banal y disfruta los segundos que la vida se nos va. Corre, respira los olores que las flores te transmiten. La sonrisa de tu cuerpo y tu tibio corazón...

domingo, 7 de octubre de 2007

Incierto

Siento un nudo en la garganta que me impide engullir los alimentos. Cada día me desconozco más. Mis náuseas son constantes. El insomnio no me permite conciliar el sueño. Me desvisto para dirigirme hacia el cuarto de baño. Busco el jabón y el shampoo. No los encuentro. Abruptamente recuerdo que últimamente no he salido de mi habitación. ¡Nadie ha hecho las compras en esta casa!, pero quien podría realizarlas. Te olvidaste que hace más de un mes que vives sola, que tus malhumoradas frustraciones han alejado a cada integrante de tu familia que ha querido auxiliarte. Tan sólo el atractivo de la muerte parece seducirte, vas directo al precipicio, no te das cuenta. Has elegido el rumbo equivocado, siguiendo un camino pedregoso que quizás pueda concluir sin un retorno…


martes, 18 de septiembre de 2007

Solo

Siempre fuiste una cobarde, huiste de forma despavorida. ¿Te acuerdas? Rehusaste mis caricias, abandonándome al desolado silencio. Mira que es lo que has hecho, soy un esperpento. Mi boca se ha vuelto seca y furibunda, fiereza lujuriosa y destemplada. Mi cuerpo yace yermo en este gélido aposento. No ves que mi espejo, ese sólido elemento que construimos juntos, se ha vuelto añicos. Me siento desfallecer tan débil e inerte y ni siquiera esa cantimplora que me obsequiaste contiene algún elixir mágico que me retorne momentáneamente a la vida. Sólo me queda aferrarme a la muerte y someterme a sus embrujos y encantos. La muerte me ofrece unirme a su generosa danza. Pensar que somos seres fantasmagóricos tan vulnerables, que la vida es un juego caótico de contradicciones. El destino ya está escrito y allí estaba tu partida. El desenlace fatal, debí haberlo vaticinado. No puedes intuir este abismo que yo tan sólo siento. Este ardor incontrolable, que me hiere, que me mata lentamente y sin ningún remordimiento.

Fragilidad

Zigzagueamos por un camino sin rumbo. Buscando un destino. Tu equipaje y mis sueños. ¿Lo recuerdas? Fue una tarde de verano. La monotonía de un día cualquiera. Un deseo interior punzante en tu abdomen. Vamos dijiste presionando enérgicamente un revólver contra mi vientre. Aún lo recuerdo, tuve un presentimiento. Ese día el viento soplaba fuerte, tus cabellos se remecían violentamente. Corrimos como niños tras el globo de la infancia. Tu madre muerta, meses atrás, lo recuerdas. Tú trauma, tu dolor interno. Aún no lo has superado. Sentí el miedo carcomiéndome las entrañas. Ya nada volverá a ser como antes vociferaste.