martes, 30 de octubre de 2007

Mar

Me sorprenden tus movimientos, tus contorneos por la playa y esa exuberancia que transmites a cientos de kilómetros.

También ese viento imperturbable que te rodea, esas emociones encontradas que provocas, esa profundidad que entregas y esa luz que irradias. Mar eres un rincón fértil, un refugio de vida, un sustento de trabajo, un hábitat inexplorable, un cuadro de inspiración, un lugar de enamorados, un sitio de dolor y encuentro.

Me calmas, me entregas el sosiego necesario para continuar en este juego caótico llamado vida. La luminosidad de tus gotas me invita a ingresar a tus aposentos. Tu espuma me empapa y tu brisa me retorna a momentos relegados de mi infancia.

Durante el atardecer el sol se sumerge en tus faldas y un tono rosáceo invade cada centímetro de tu oleaje. Más tarde, en la noche la luna blanca se regocija con tus manjares, iluminándote y enterneciéndome.

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