jueves, 16 de octubre de 2008

Instantes

La oscuridad no está. La luz no la siento. Lugares lejanos de sombras extrañas. Mis ojos no perciben. A punto de caer. Rondas ligeras. Caminas detrás de mí. Risas, burlas y blasfemias. El puñal aferrado. La herida. La daga. La caída. El arrepentimiento. El llanto. Ya nada que hacer. Tendido en la tierra fecunda. En el mar nos hundimos. Buscando un alimento, un oxígeno, algo. Tratando de extender la espera. Huyendo. Viviendo. Oliendo. Caminas. Con tu mirada perdida. Y sigues allí. Arrodillada. Con los ojos en un mundo aparte. El cabello húmedo. Las manos temblorosas. La pena. ¿Qué finges? El tropiezo es evidente. Sumerges por un mar de lava. En un océano, en un laberinto, en una encrucijada. Caminos sin salida. El tic-tac del reloj. Mi cerebro estallará. Corres. Te adhieres al tronco de los árboles. Te fundes con la selva. El olor a eucaliptos invade mis alvéolos. La melodía dolorosa. La espiga que arde. Palabras que no alivian. No pareces ver.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Abuelo

Las palabras no parecen sanar. Los silencios, las miradas vacías, la rigidez de su rostro, me perturban, sus quejidos. El brillo de sus ojos son un calvario, un indicio de que no está bien, la advertencia de algo mayor, de una enfermedad, un mal invasor, que roba la tranquilidad de su familia y que produce un estado de desolación e incertidumbre. Seres tan frágiles, como un trozo de vidrio esparcido en el piso. ¿Qué puedo hacer? ¿Cuál es la clave? ¿Qué camino debo seguir? El viento del abanico no reduce tu dolor. La luz de la puerta no devuelve el color natural de sus párpados hundidos. La delgadez de su cuerpo y la blancura de su carne débil son imágenes que no se desvanecen. La mente llora. No olvides lo que hemos construido. No me dejes a la deriva. No me abandones. No quiero perderte.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Sin nada

Los ojos no parecen convencerme, no veo una respuesta concisa y clara. Por el contrario, sigues apartándote, huyendo lejos, evitándome. En el bosque te encontré, tendida sobre las ramas de unos árboles. El contorno de tu silueta estaba iluminado por los tibios rayos de luna. Sentí el aroma del campo que presiona con frenesí el pecho. La fragancia de las ramas de eucaliptos tras una copiosa lluvia. El devenir de un cerro inexplorado, de una ruta desierta, de un amor no correspondido. Los laberintos de magma, los llantos a medianoche, la voz metálica del lamento recóndito, las frazadas no pueden cubrirme, no ocultan mis debilidades, mis llagas, mis cuestionamientos. Correr a un sitio remoto donde el cielo se funda con el mar, donde las hadas de los cuentos infantiles nos asombren con sus pociones y hechizos que todo lo pueden, donde los senderos cultivados de trigo sean un paisaje de contemplación y templanza. Definitivamente, no lo lograré. Pues aquellos monstruos transitan por mi habitación. Indefenso, sólo me queda aferrarme a mi almohada. Como cada noche.

viernes, 22 de agosto de 2008

Ambivalente

El orgullo terminó por vencernos.
Te esperé durante días, tal vez meses o quizás años.
En la vía ferroviaria preferiste callar, mentir, olvidar.
Los recuerdos no logran desencadenarse en mi mente. No puedo beber este trago amargo, mi garganta está seca y roñosa, herida de un dolor incurable.
Las lágrimas no purifican mi dolor.
Las noches en vela, cuando contemplo la luna llena, me sumerjo en un melancólico estado de desesperanza, congoja y aflicción.
Pareces sonreír en un estado de sopor, de éxtasis, de júbilo.
Me ignoras, me matas, me dañas.
Me robaste, arrancaste de mí, esa dosis de tranquilidad. No puedo conciliar el sueño, me invades, hasta en mis pensamientos, no puedo situarme.
Arrinconado en una baldosa, en una azulosa tonalidad de abandono; las pastillas multicolores resbalan súbitamente en mí; los silencios se turban inquietantes, desoladores, irrespirables; no consigo pernoctar; mi refugio ha involucionado; oscuro y tétrico; incomprensión y rechazo; omisión y caos; insomnio y desfallecimiento; risas que no se concretarán; proyectos que no alcanzarán a ver la luz; ilaciones discursivas que nunca enunciaste. Ahora sé, que mi postergación es tu felicidad y tú prosperidad es mí preterición. Adiós.

jueves, 17 de julio de 2008

Farándula

Las carcajadas provenían desde la tribuna. Sin duda, el espectáculo ya había comenzado. Pero, ¿dónde están los artistas, domadores, malabaristas, contorsionistas, trapecistas, acróbatas, payasos y comediantes? Las luces enfocan a otras siluetas. El cetro ha sido cedido. ¡Silicona, escándalo, infidelidades, violencia, portadas de revistas y diarios capitalinos, desenfreno, ponzoña, veneno, acusaciones cruzadas, fracasos matrimoniales, conflictos! El señor Corales yace genuflexo a un costado del escenario. Su mirada se posa en un punto sin retorno. Su inseparable morada está desierta. De pronto, dejó el micrófono, su chaqueta y sus guantes blancos. Empapó varias veces su rostro en el lavabo. Se recostó sobre la red que había protegido durante décadas a los osados hombres de circo. El recinto que cobijó a cientos de niños y niñas sonrientes, ya no era el mismo de antes. Cogió su maleta. Aunque antes de marcharse debía contemplar, por última vez, la cuerda floja, las jaulas, el monociclo, los probadores, los atuendos y maquillajes, los accesorios, la cama elástica, las pelucas, el trapecio, los aros, los zancos, el local de venta de palomitas de maíz, pelotas plásticas, globos, algodón de azúcar, bebidas y dulces.

miércoles, 16 de julio de 2008

Cucharadas de olvido

El silencio sobrecogedor no parecía inquietar al personal médico.
Por el contrario, las maromas de impaciencia de los pacientes eran de lo más habituales. Su forma de caminar era pausada, casi monótona. Sus miradas ausentes, vacías, clamaban a gritos una salida. El fulgor del piso contrastaba con sus facciones lánguidas. Los más resistentes observan la televisión. Otros, con sus ojos vidriosos, son víctimas fáciles de los sedantes. La hora de comida es el instante de mayor deleite. Las bandejas consisten en un plato de fondo que suele ir acompañado de un postre. Las jaleas y las frutas en conserva son las más codiciadas. Sabores asombrosos, intervalos mágicos, colores encantadores. Cucharadas para el olvido de: jeringas, hematomas, exámenes, inyecciones, heparina, transfusiones, termómetros, máquinas, tubos de oxígeno, ayunos; pero principalmente para la larga espera, el desasosiego y el miedo asfixiante de no volver jamás a tu hogar.

domingo, 13 de julio de 2008

Silencios incómodos

Aquella tarde, el sol se tiñó de un tono magenta. A medida que las manecillas del reloj van transitando, los personajes de la trama van desenfundándose de sus aprensiones. El conductor iracundo. La muchacha que cruzó la acera en el instante más aciago. El anciano de aspecto ajado que sentado en una plazoleta, rememora los capítulos que forman parte de su desafortunado destino. La mujer que observa su figura en un espejo. El mismo cuerpo que jamás podrá engendrar un hijo. La niña que acusa a su padrastro de asaltar la tranquilidad de su recámara por las noches. El minero beodo que tras una noche de juerga en la taberna, termina internándose en la mitad del desierto. La prostituta que pernocta, trayendo el sustento diario a su hogar. Las manos voraces que se apropian de cada uno de los trozos, de su alma y de su mente. La sangre derramada en las masacres, en las guerras y conflictos bélicos. La mirada de una criatura herida. Las lágrimas derramadas. Los pañuelos que se baten al viento. Los silencios incómodos. Esas son las verdades que duelen, las que se ocultan, las que suelen convertirse en carne.

sábado, 12 de julio de 2008

Ludópata

El dado gira sobre la mesa. Las comisuras de tus labios rezongan. Una risa y el llanto de un niño rompen la quietud del lugar. Las bocinas de los automóviles y el asfalto de las calles. La blusa sigue marchita. Observas parsimoniosamente cada uno de mis movimientos. El globo ocular viaja de un extremo al otro. Un mosquito te intimida. La tabla de ajedrez. El alfil, el peón, el caballo, el rey, la reina o la torre. ¿Cuál quieres? Elige. ¡El jaque mate! Las tácticas, las estrategias, las maniobras. Las manos que se agitan al viento. La mirada perspicaz. La mudez imperecedera. Las fórmulas mágicas de último minuto. El lápiz que se balancea vertiginosamente en el papel. Cifras, dígitos, cálculos, ecuaciones, números indescifrables. La taza de porcelana. Las cucharaditas de café. 2, 3, mejor 5. Los sorbos son interminables. El paladar queda amargo. Sacarina, granos de azúcar, o lo que usted desee. Y todos los días es igual. Siempre es lo mismo. Juegos, tazones, dinero, fichas, alcohol, cartas, números, cigarrillos o puros, carcajadas y muecas de desánimo.

viernes, 11 de julio de 2008

Confesiones de Plutón


Me relegaron, me olvidaron, me desterraron. 78 años de historia quedaron enmohecidos en el recuerdo. Acompañé a diversas generaciones, en los textos de historia. Fui una figura destacada y condecorada a nivel mundial. Pero caí en un abismo sin retorno.
Al igual que cientos de estrellas connotadas que viven un momento de esplendor y, posteriormente, el ocaso.

Por las noches, cuando los luceros me escoltan, me pregunto de forma repentina ¿Por qué a mí? Nadie entiende a los seres humanos, son tan cambiantes, volubles e inestables. En un minuto me congratulan y me entregan un sinfín de reconocimientos, y de pronto terminan aislándome de mis 8 hermanos, arrinconándome a una soledad asfixiante.

Tal vez, me subyugaron por ser el más frío, o quizás, por ser uno de los más lejanos. Más aún, me catalogan de pequeño, según los científicos pertenezco a otra clasificación. Sin embargo, les pregunto: ¿Qué ocurrió con mis anhelos y proyecciones futuras? ¿Dónde quedaron mis aportes al mundo de la ciencia? ¿Por qué me marginan, si se han beneficiado de mi nombre y de mis datos, durante 78 años? ¿Quién me devuelve esa pérdida? No ustedes, no comprenden, lo olvidaba, son seres humanos.

Talón de Aquiles

Un relámpago dentro de tus oídos. O tal vez, es un zumbido devastador. ¡No piensas más! Caminas detrás de esa puerta. El rechinar de las tablas es tu sentencia. Presionas tus nudillos, sintiendo los átomos de oxígeno como ingresan bruscamente por tus pulmones. Palabras que hieren, que sangran, que estorban. Un silencio aterrador. La oscuridad de tu dormitorio. Sigues encorvado. Con los ojos entrecerrados. Te aferras a una diminuta almohada. Sus respuestas no parecen convencerte. Múltiples raíces brotan de un costado de la cama. Te atrapan, te absorben, alimentándose de tu vigor. Comienzan a cubrir cada centímetro de tu cuerpo. Ahora, eres un insecto, un monstruo, una fantasmagoría. Quizás, seas la mismísima encarnación de Gregorio Samsa. Pero lo más probable es que sean sólo el florecimiento de tus miedos, tus inseguridades, tus ansiedades. Aquellos momentos que los demás desconocen, donde surge tú talón de Aquiles. Esos instantes nocturnos de vulneración, llanto y de una soledad que se torna angustiante. El ser impenetrable se fractura. La grieta se ensancha. El material de asfalto se disuelve. La arena y el polvo son derribados violentamente por la acción del viento. El eco de la mortalidad, una vez más se hace presente.

jueves, 27 de marzo de 2008

Mi perrita Josefina


Tu cuerpo café y diminuto estaba tendido a un costado del paradero. Más allá, una huella de sangre brotaba del cemento. No me atreví a voltear. De inmediato, sentí un estremecimiento que me recorría el cuerpo. No quería aceptar la injusticia de perderte, son ocho años mi querida amiga cuadrúpeda. Ahora respóndeme pequeña, ¿Quién comerá esa carne molida que tanto disfrutabas? y ¿quién pacientemente me esperará mañana en la escalera, cuando llegué de la Universidad?

viernes, 25 de enero de 2008

Telaraña

La red se funde en un contacto perfecto y armonioso. El juego de la seda continúa, aunque no lo creas, ella sigue balanceándose. Oh! Querida eres un tejido compacto, me sorprendes con cada uno de tus movimientos. Tu forma magistral se esconde, rebélate, devélate, muéstrame lo que ocultas dentro de cada fibra. El misterio de tu ser me sorprende, déjame vanagloriar a tu progenitora, a tu madre, la creadora. Eres un preciado objeto de arte, realicemos una muestra, permíteme alabarte pequeña. Veo como cumples con tu acometido, los insectos se adhieren a tu regazo en un vaivén interminable. Danza junto a mí, abre tu corazón y no te sueltes. Quiero que me atrapes, ser parte de ti. El baile sigue, no pares, tus extremidades se mueven al compás de la música. Internémonos en el bosque, quiero contemplarte, entre las sombras te escondes, detrás de los espigos, dónde nadie te puede ver. Frágil al tacto, te destruyes, materia sensible. Tu traje me atrae, tan pegajoso y a la vez misterioso. Infelices los que caigan en tu trampa mortal, en tu hechizo mágico. Me haces daño, me haces sangrar, sin embargo me gusta lo que veo. La suavidad de tenerte, retienes de una forma agresiva, casi sádica. Laberintos oscuros, centros inconquistables, curiosos trozos de tu realidad. Quiero cruzar esas barreras inexplotables, descubrir ese secreto, esa esencia disimulada y profunda. Sé lo que estás pensando. Sólo un soplido podría derribarte. Elévate deja que la estrella dorada abrace cada tejido. Aférrate a mí. Vamos que esto es casi perfecto. Abre tu corazón. Permíteme estar dentro de ti.

domingo, 20 de enero de 2008

Miedo

Sí, miedo. Miedo a no verte más. Miedo a no tenerte. Miedo a vivir a cuestas de una ilusión irrealizable. Miedo al paso del tiempo. Miedo a mi propio temperamento. Miedo al abandono. Miedo a que tú no sientas lo mismo que yo. Miedo a tu juventud. Miedo a tu belleza. Miedo a mi vejez. Miedo al desvanecimiento progresivo de mis propios recuerdos. Miedo a la incomprensión. Miedo al silencio. Miedo a ser un estorbo. Miedo a tu mirada. Miedo a tu compasión. Miedo de lo que piensas. Miedo a tu risa extinta. Miedo a la calvicie. Miedo al insomnio y miedo a esa tos que me mata cada día lentamente.

lunes, 7 de enero de 2008

Desierto


Los cuerpos desnudos se aferran detrás de las piedras,
Intentando aquilatar los golpes secos del tórrido sol de media mañana,
mientras que la acción del viento termina cubriendo los últimos pasos de mortales sobre aquellas blancas dunas. Con regocijo se oye el crujir de las colas de los alacranes, quienes se preparan de forma inesperada para degustar una interesante merienda.