jueves, 17 de julio de 2008

Farándula

Las carcajadas provenían desde la tribuna. Sin duda, el espectáculo ya había comenzado. Pero, ¿dónde están los artistas, domadores, malabaristas, contorsionistas, trapecistas, acróbatas, payasos y comediantes? Las luces enfocan a otras siluetas. El cetro ha sido cedido. ¡Silicona, escándalo, infidelidades, violencia, portadas de revistas y diarios capitalinos, desenfreno, ponzoña, veneno, acusaciones cruzadas, fracasos matrimoniales, conflictos! El señor Corales yace genuflexo a un costado del escenario. Su mirada se posa en un punto sin retorno. Su inseparable morada está desierta. De pronto, dejó el micrófono, su chaqueta y sus guantes blancos. Empapó varias veces su rostro en el lavabo. Se recostó sobre la red que había protegido durante décadas a los osados hombres de circo. El recinto que cobijó a cientos de niños y niñas sonrientes, ya no era el mismo de antes. Cogió su maleta. Aunque antes de marcharse debía contemplar, por última vez, la cuerda floja, las jaulas, el monociclo, los probadores, los atuendos y maquillajes, los accesorios, la cama elástica, las pelucas, el trapecio, los aros, los zancos, el local de venta de palomitas de maíz, pelotas plásticas, globos, algodón de azúcar, bebidas y dulces.

miércoles, 16 de julio de 2008

Cucharadas de olvido

El silencio sobrecogedor no parecía inquietar al personal médico.
Por el contrario, las maromas de impaciencia de los pacientes eran de lo más habituales. Su forma de caminar era pausada, casi monótona. Sus miradas ausentes, vacías, clamaban a gritos una salida. El fulgor del piso contrastaba con sus facciones lánguidas. Los más resistentes observan la televisión. Otros, con sus ojos vidriosos, son víctimas fáciles de los sedantes. La hora de comida es el instante de mayor deleite. Las bandejas consisten en un plato de fondo que suele ir acompañado de un postre. Las jaleas y las frutas en conserva son las más codiciadas. Sabores asombrosos, intervalos mágicos, colores encantadores. Cucharadas para el olvido de: jeringas, hematomas, exámenes, inyecciones, heparina, transfusiones, termómetros, máquinas, tubos de oxígeno, ayunos; pero principalmente para la larga espera, el desasosiego y el miedo asfixiante de no volver jamás a tu hogar.

domingo, 13 de julio de 2008

Silencios incómodos

Aquella tarde, el sol se tiñó de un tono magenta. A medida que las manecillas del reloj van transitando, los personajes de la trama van desenfundándose de sus aprensiones. El conductor iracundo. La muchacha que cruzó la acera en el instante más aciago. El anciano de aspecto ajado que sentado en una plazoleta, rememora los capítulos que forman parte de su desafortunado destino. La mujer que observa su figura en un espejo. El mismo cuerpo que jamás podrá engendrar un hijo. La niña que acusa a su padrastro de asaltar la tranquilidad de su recámara por las noches. El minero beodo que tras una noche de juerga en la taberna, termina internándose en la mitad del desierto. La prostituta que pernocta, trayendo el sustento diario a su hogar. Las manos voraces que se apropian de cada uno de los trozos, de su alma y de su mente. La sangre derramada en las masacres, en las guerras y conflictos bélicos. La mirada de una criatura herida. Las lágrimas derramadas. Los pañuelos que se baten al viento. Los silencios incómodos. Esas son las verdades que duelen, las que se ocultan, las que suelen convertirse en carne.

sábado, 12 de julio de 2008

Ludópata

El dado gira sobre la mesa. Las comisuras de tus labios rezongan. Una risa y el llanto de un niño rompen la quietud del lugar. Las bocinas de los automóviles y el asfalto de las calles. La blusa sigue marchita. Observas parsimoniosamente cada uno de mis movimientos. El globo ocular viaja de un extremo al otro. Un mosquito te intimida. La tabla de ajedrez. El alfil, el peón, el caballo, el rey, la reina o la torre. ¿Cuál quieres? Elige. ¡El jaque mate! Las tácticas, las estrategias, las maniobras. Las manos que se agitan al viento. La mirada perspicaz. La mudez imperecedera. Las fórmulas mágicas de último minuto. El lápiz que se balancea vertiginosamente en el papel. Cifras, dígitos, cálculos, ecuaciones, números indescifrables. La taza de porcelana. Las cucharaditas de café. 2, 3, mejor 5. Los sorbos son interminables. El paladar queda amargo. Sacarina, granos de azúcar, o lo que usted desee. Y todos los días es igual. Siempre es lo mismo. Juegos, tazones, dinero, fichas, alcohol, cartas, números, cigarrillos o puros, carcajadas y muecas de desánimo.

viernes, 11 de julio de 2008

Confesiones de Plutón


Me relegaron, me olvidaron, me desterraron. 78 años de historia quedaron enmohecidos en el recuerdo. Acompañé a diversas generaciones, en los textos de historia. Fui una figura destacada y condecorada a nivel mundial. Pero caí en un abismo sin retorno.
Al igual que cientos de estrellas connotadas que viven un momento de esplendor y, posteriormente, el ocaso.

Por las noches, cuando los luceros me escoltan, me pregunto de forma repentina ¿Por qué a mí? Nadie entiende a los seres humanos, son tan cambiantes, volubles e inestables. En un minuto me congratulan y me entregan un sinfín de reconocimientos, y de pronto terminan aislándome de mis 8 hermanos, arrinconándome a una soledad asfixiante.

Tal vez, me subyugaron por ser el más frío, o quizás, por ser uno de los más lejanos. Más aún, me catalogan de pequeño, según los científicos pertenezco a otra clasificación. Sin embargo, les pregunto: ¿Qué ocurrió con mis anhelos y proyecciones futuras? ¿Dónde quedaron mis aportes al mundo de la ciencia? ¿Por qué me marginan, si se han beneficiado de mi nombre y de mis datos, durante 78 años? ¿Quién me devuelve esa pérdida? No ustedes, no comprenden, lo olvidaba, son seres humanos.

Talón de Aquiles

Un relámpago dentro de tus oídos. O tal vez, es un zumbido devastador. ¡No piensas más! Caminas detrás de esa puerta. El rechinar de las tablas es tu sentencia. Presionas tus nudillos, sintiendo los átomos de oxígeno como ingresan bruscamente por tus pulmones. Palabras que hieren, que sangran, que estorban. Un silencio aterrador. La oscuridad de tu dormitorio. Sigues encorvado. Con los ojos entrecerrados. Te aferras a una diminuta almohada. Sus respuestas no parecen convencerte. Múltiples raíces brotan de un costado de la cama. Te atrapan, te absorben, alimentándose de tu vigor. Comienzan a cubrir cada centímetro de tu cuerpo. Ahora, eres un insecto, un monstruo, una fantasmagoría. Quizás, seas la mismísima encarnación de Gregorio Samsa. Pero lo más probable es que sean sólo el florecimiento de tus miedos, tus inseguridades, tus ansiedades. Aquellos momentos que los demás desconocen, donde surge tú talón de Aquiles. Esos instantes nocturnos de vulneración, llanto y de una soledad que se torna angustiante. El ser impenetrable se fractura. La grieta se ensancha. El material de asfalto se disuelve. La arena y el polvo son derribados violentamente por la acción del viento. El eco de la mortalidad, una vez más se hace presente.