jueves, 27 de marzo de 2008

Mi perrita Josefina


Tu cuerpo café y diminuto estaba tendido a un costado del paradero. Más allá, una huella de sangre brotaba del cemento. No me atreví a voltear. De inmediato, sentí un estremecimiento que me recorría el cuerpo. No quería aceptar la injusticia de perderte, son ocho años mi querida amiga cuadrúpeda. Ahora respóndeme pequeña, ¿Quién comerá esa carne molida que tanto disfrutabas? y ¿quién pacientemente me esperará mañana en la escalera, cuando llegué de la Universidad?