Siempre fuiste una cobarde, huiste de forma despavorida. ¿Te acuerdas? Rehusaste mis caricias, abandonándome al desolado silencio. Mira que es lo que has hecho, soy un esperpento. Mi boca se ha vuelto seca y furibunda, fiereza lujuriosa y destemplada. Mi cuerpo yace yermo en este gélido aposento. No ves que mi espejo, ese sólido elemento que construimos juntos, se ha vuelto añicos. Me siento desfallecer tan débil e inerte y ni siquiera esa cantimplora que me obsequiaste contiene algún elixir mágico que me retorne momentáneamente a la vida. Sólo me queda aferrarme a la muerte y someterme a sus embrujos y encantos. La muerte me ofrece unirme a su generosa danza. Pensar que somos seres fantasmagóricos tan vulnerables, que la vida es un juego caótico de contradicciones. El destino ya está escrito y allí estaba tu partida. El desenlace fatal, debí haberlo vaticinado. No puedes intuir este abismo que yo tan sólo siento. Este ardor incontrolable, que me hiere, que me mata lentamente y sin ningún remordimiento.
martes, 18 de septiembre de 2007
Solo
Fragilidad
Zigzagueamos por un camino sin rumbo. Buscando un destino. Tu equipaje y mis sueños. ¿Lo recuerdas? Fue una tarde de verano. La monotonía de un día cualquiera. Un deseo interior punzante en tu abdomen. Vamos dijiste presionando enérgicamente un revólver contra mi vientre. Aún lo recuerdo, tuve un presentimiento. Ese día el viento soplaba fuerte, tus cabellos se remecían violentamente. Corrimos como niños tras el globo de la infancia. Tu madre muerta, meses atrás, lo recuerdas. Tú trauma, tu dolor interno. Aún no lo has superado. Sentí el miedo carcomiéndome las entrañas. Ya nada volverá a ser como antes vociferaste.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

