Un gato contemplaba dubitativamente la luna, apoyado sobre un alféizar. Las grisáceas córneas del felino, escudriñaban diariamente los diversos semblantes del satélite. De pronto, su pelaje blanquecino se erizó, sus orejas se inclinaron hacia atrás y un recóndito maullido brotó de su vientre. Tras meses de investigación, al fin había logrado develar el secreto del astro. Conocía su lenguaje, sus dictámenes y sus vaticinios. El animal corrió velozmente entre los tejados, pero sus obstinadas extremidades ya no le respondían como antes. Su visibilidad era difusa y su tibio pecho ronroneaba de felicidad por su gran descubrimiento. Sin embargo, no pudo. Falló en el cálculo del brinco, luego su cuerpo diminuto cayó de bruces, desplomándose violentamente en el pavimento. domingo, 4 de noviembre de 2007
Sensibilidad
Un gato contemplaba dubitativamente la luna, apoyado sobre un alféizar. Las grisáceas córneas del felino, escudriñaban diariamente los diversos semblantes del satélite. De pronto, su pelaje blanquecino se erizó, sus orejas se inclinaron hacia atrás y un recóndito maullido brotó de su vientre. Tras meses de investigación, al fin había logrado develar el secreto del astro. Conocía su lenguaje, sus dictámenes y sus vaticinios. El animal corrió velozmente entre los tejados, pero sus obstinadas extremidades ya no le respondían como antes. Su visibilidad era difusa y su tibio pecho ronroneaba de felicidad por su gran descubrimiento. Sin embargo, no pudo. Falló en el cálculo del brinco, luego su cuerpo diminuto cayó de bruces, desplomándose violentamente en el pavimento.
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