La oscuridad no está. La luz no la siento. Lugares lejanos de sombras extrañas. Mis ojos no perciben. A punto de caer. Rondas ligeras. Caminas detrás de mí. Risas, burlas y blasfemias. El puñal aferrado. La herida. La daga. La caída. El arrepentimiento. El llanto. Ya nada que hacer. Tendido en la tierra fecunda. En el mar nos hundimos. Buscando un alimento, un oxígeno, algo. Tratando de extender la espera. Huyendo. Viviendo. Oliendo. Caminas. Con tu mirada perdida. Y sigues allí. Arrodillada. Con los ojos en un mundo aparte. El cabello húmedo. Las manos temblorosas. La pena. ¿Qué finges? El tropiezo es evidente. Sumerges por un mar de lava. En un océano, en un laberinto, en una encrucijada. Caminos sin salida. El tic-tac del reloj. Mi cerebro estallará. Corres. Te adhieres al tronco de los árboles. Te fundes con la selva. El olor a eucaliptos invade mis alvéolos. La melodía dolorosa. La espiga que arde. Palabras que no alivian. No pareces ver.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

