martes, 30 de octubre de 2007

Mar

Me sorprenden tus movimientos, tus contorneos por la playa y esa exuberancia que transmites a cientos de kilómetros.

También ese viento imperturbable que te rodea, esas emociones encontradas que provocas, esa profundidad que entregas y esa luz que irradias. Mar eres un rincón fértil, un refugio de vida, un sustento de trabajo, un hábitat inexplorable, un cuadro de inspiración, un lugar de enamorados, un sitio de dolor y encuentro.

Me calmas, me entregas el sosiego necesario para continuar en este juego caótico llamado vida. La luminosidad de tus gotas me invita a ingresar a tus aposentos. Tu espuma me empapa y tu brisa me retorna a momentos relegados de mi infancia.

Durante el atardecer el sol se sumerge en tus faldas y un tono rosáceo invade cada centímetro de tu oleaje. Más tarde, en la noche la luna blanca se regocija con tus manjares, iluminándote y enterneciéndome.

sábado, 27 de octubre de 2007

Sálvate


El tiempo ha pasado,
Pero las huellas del recuerdo,
No las has superado.

Te he visto en las noches de luna llena,
Como observas la ventana,
Buscándome.

Sin embargo, siempre te acompañaré,
Yo conozco esas pulsaciones,
Sé que eres vulnerable,
Que tras esa imagen implacable,
Hay una niña indefensa que solloza,
Por su juguete extraviado.

En tus sueños me invocas,
Pides que te auxilie,
Que te aferre entre mis brazos fuertes,
Que consuele esa desdicha,
De ese padre ausente.

Niña, báñate en el río,
Alivia tus heridas,
Cicatriza tu alma,
Obtén mi fortaleza.

Si quieres me ofrezco,
En tu plegaria,
Sin fortaleza,
Te destruyes,
Yo refugiaré tu morada.

La lejanía me mata,
No quiero herirte,
Déjame sanarte,
Permíteme ser el bálsamo,
De todas las calamidades,
Quiero fortificarte.

No será un sacrilegio,
Más bien un intercambio,
En la hoguera,
Me verás,
Exhortando una ayuda,
Una guía,
Tan sólo alguna salida.

El destino lo determinó,
No quiso que estuviéramos juntos,
Este trueque es eterno,
Te amo,
Simplemente.

No sabes lo que se siente,
Hay que batir las alas,
Alejarnos,
Vaya que duele.

viernes, 26 de octubre de 2007

El paso del tiempo

Sentía el cotidiano vaivén de la antiquísima silla mecedora de la abuela. Me costaba aceptarlo, pero ese sonido gutural ya formaba parte de mí. Vivíamos en la vieja casona, ubicada afuera de la ciudad. La casa fue la herencia de un antepasado que nunca conocí. Sólo en una fotografía, de un álbum relegado en algún rincón de la morada. Bueno, pero eso en este preciso momento, no nos importa. Ella era una octogenaria, de rasgos menudos, algo huraña. Solía mantener su vista durante horas dirigida hacia el piso. Me estremecía, esa quietud cuando observaba la tierra seca y compacta. A veces, pensaba que mi abuela había pasado gran parte de su existencia contemplando el suelo. Durante la noche, la llevé al cerro más alto. Aquel era mí montículo verde, me pertenecía, ya que estaba al tanto de cada uno de sus secretos y de sus recónditos lares. Fue conocedor de mi infancia, de mi juventud y de mi madurez. De mis primeros amores, de las cazas con rifle junto a mi padre y de las infaltables fechorías de niño. Me costaría aceptar que en unos años más, sería demolido y que una parte de mi vida también sería arrancada de cuajo. Un pomposo edificio, se instalaría en su lugar. Me aferré a su áspera mano y la conduje. Su transitar era parsimonioso. La acomodé en el respaldo del asiento. Sus ojos se entrecerraron, sus aletargados brazos se situaron en dirección hacia las estrellas adheridas al firmamento y su nariz refugió el perfume de las flores campestres. Gracias, me dijo. Sabía que esa sería su última noche, al igual que este majestuoso sendero.

jueves, 25 de octubre de 2007

Vida

He derramado muchas lágrimas, ante los cuerpos mutilados de mis ancestros. He visto crecer la hierba mustia, frente al riachuelo que crece entre los cerros. He respirado la brisa marinera que me fecunda, durante las tardes tristes. He cantado alguna estrofa de esa canción inolvidable, de mi juventud robada. He visto el lucero de la mañana, con todo su esplendor. He inspirado el aroma del polen de las flores silvestres. He recolectado frutos del bosque. He aventado diminutas piedras en el mar. He crecido junto al alerce milenario. He vibrado con el paso de las sutiles luciérnagas. He recogido cada residuo marino. He degustado las algas más exóticas del poblado. He sumergido mis pies en el frondoso lodo de la rivera. He presenciado el cielo violáceo, durante el atardecer.

Maquillaje


Sus verdes ojos acuosos se detuvieron de forma instantánea. Observó detenidamente la mesita junto al espejo. Fue uno de los segundos más largo, de toda su vida. Un descontrol se adueño de sus sentidos, apareció de uno de lo cajones, un artefacto boca de fuego, rectangular, y de sombríos colores: el alisador de pelo que tomó una mecha de su cabello. Luego, derramó una máscara verde maloliente sobre su rostro. Unos huevos golpearon, con violencia su cuero cabelludo. El ritual continuaría durante la noche. Bases, Rubor, Lápiz labial, Sombras, Máscaras, Delineadores y Polvo de arroz, eran tan sólo algunos de los cuantiosos invitados. Cada uno de los presentes se jactaba de poseer diversas propiedades curativas. Sí, curativas. Sanadoras de su alma, de su obsesión, de su locura, de lo único que le permitía sentirse feliz por tan sólo un momento: sentirse bella. Sí, bella. Demencial, cierto, ¡No lo crean! Su infancia, revivía dolores que creía olvidados. La risa, la burla, la mofa. Sí. Todos alguna vez fuimos niños. Ella no. Se refugió en sus cuadernos, en sus libros, en su mundo de fantasía. Era una extraña, en un mundo que no le correspondía. Era la fea, la tonta, la inadaptada, la que de los chicos se ahuyentaban. Ese día el insomnio era latente, no podía conciliar el sueño, algo le ocurría. Fue a la recámara de su madre, abrió desaliñadamente un baúl. Los recuerdos caían a borbotones dentro de su mente, las imágenes de su soledad, de sus juegos en aquel columpio desgarbado de la plaza gris que ya nadie recordaba, de sus llantos junto a la cálida chimenea y de la Navidad que esperó en vano. Sintió como repiqueteaban sobre el techo, las primeras gotas de lluvia que anunciaban el paso del gélido invierno. Se aferró a su enajenado sueño. Sus manos torpes, abrieron su cofre mágico. Contempló desorbitada los objetos multicolores que había en su interior. Una lágrima rodó por su mejilla, sabía que jamás volvería a ser la misma.




miércoles, 24 de octubre de 2007

Caída límite


Siento un vacío que me cala por dentro,
Me siento preso de un naufragio desolado,
Me acompañan rostros volubles,
Dueños de la daga de la muerte.

Intuyo el peligro,
Respiro el choque del oleaje con las rocas,
Me abandona la consciencia,
Y me sumerjo en un profundo lamento.

Las puntiagudas piedras atraen mi atención,
Me invitan cortésmente a dar un brinco,
La idea me seduce,
Inspiro violentamente.

Retrocedo,
Mi lengua está seca.
Imágenes volátiles inundan en mi mente,
El recuerdo de una infancia perdida, de un sueño rotundo,
De algo que no se hizo y se lamenta,
De las lágrimas no regaladas,
De los secretos junto a la puerta,
De tu mundo y mi jardín,
De tu lucha inalcanzable,
De la fecha que olvidaste,
¿Viste las solitarias hojas en la plazoleta donde nos conocimos?

Me muerdos mis labios, noto como la sangre hierve,
Respiro los colores de esta tarde mágica,
Que podría haber sido de los dos. Sin embargo, tú te opusiste.

No sabes lo que es vivir sin destino,
Cautivo de tus propios recuerdos,
De tus frustraciones y abandono.

El rabillo del ojo, se detiene en un punto fijo,
Contemplo por última vez el horizonte,
Apretó con estridencia mis dientes,
Su rechinar debilita mis sentidos.

Mis ojos son dos rosáceos cúmulos de dolores insospechados,
Mis brazos inertes que no lograron retenerte,
Mis escuálidas piernas, dignas de tus sarcásticos comentarios,
Mis silencios abrumadores que te alejaron de mi lado,
Mis orejas coniformes de tu desagrado,
Mis cuerdas vocales que nunca percibiste,
Mis tórridas arterias, venas y sangre, y sus esquirlas inflamables.

sábado, 20 de octubre de 2007

Dolor de Muelas

Mi cabeza se vuelve añicos. Un dolor punzante en mi boca, me mantiene, sin ningún grado de lucidez. Mi desanimo se acrecienta. La boca me sabe a arena y un líquido inoportuno exuda de mi frente. Un dolor desgarrador invade mi universo. Intenso y ardor se confluyen en un juego maquiavélico. ¿Por qué a mí?, me pregunté. Quizás es algún castigo divino, que se yo. Lo único que sé, es que estoy un día viernes a las 17:30 de la tarde, en una fila interminable. De pronto surge de las profundidades, un ser aborrecido por sus cualidades curativas, por sus instrumentos tenebrosos y dignos de cualquier filme cinematográfico de terror: el dentista. Con su sigiloso deambular, sus guantes de látex y su albino delantal inspira una atmósfera de curiosidad y misterio. Prepara su arsenal de herramientas, con una serenidad incomparable. Observo que una mascarilla blanca rodea su boca, abruptamente corta el silencio y dicta mi sentencia de muerte: Acomódese en el asiento, por favor.

Espejos

Espejos. Los hay redondos, oblicuos, cuadrados, planos, rectangulares, convexos, cóncavos, grandes, diminutos, de bolsillo, de automóvil, vitrina, botiquín de baño y con o sin margen. Elementos rastreadores de fisonomías y rostros, capaces de identificar a los seres que osen desafiarte. ¡Ay!, pobre del que se atreva a malheriste, quizás que desgracia vengativa le envíes. Espejo, maestro de la reflexión, padre de la magia y hechicería que te envuelve. Transmisor de imágenes, déjame advertirte sobre tu principal punto de debilidad: eres un adminículo incapaz de leer los sentimientos humanos, las emociones y los deseos. Recuerda, querido señor de la imagen, el espejo de Oesed, aún no se ha diseñado y mientras, no exista un objeto apto de percibir los sueños más profundos de los mortales, me atrevo a decir que su legado habrá terminado.

Sentidos

Mariposas en tu vientre, en tu vientre de mujer. Son aquellas coloridas, que tuviste alguna vez. Y por más que luches, no podrás tenerlas. Es imposible alcanzarlas, ya que no puedes elevarte. Ven, olvida lo terrenal y revive esa emoción que perdura en tu corazón y te invade en tus sueños, sin dejarte vivir en paz. Aférrate que golpea tu guarida y que te mantiene viva, fortificando tus raíces, para lograr la evolución. Vamos a un sitio que te aleje, de ese mundo tan banal y disfruta los segundos que la vida se nos va. Corre, respira los olores que las flores te transmiten. La sonrisa de tu cuerpo y tu tibio corazón...

domingo, 7 de octubre de 2007

Incierto

Siento un nudo en la garganta que me impide engullir los alimentos. Cada día me desconozco más. Mis náuseas son constantes. El insomnio no me permite conciliar el sueño. Me desvisto para dirigirme hacia el cuarto de baño. Busco el jabón y el shampoo. No los encuentro. Abruptamente recuerdo que últimamente no he salido de mi habitación. ¡Nadie ha hecho las compras en esta casa!, pero quien podría realizarlas. Te olvidaste que hace más de un mes que vives sola, que tus malhumoradas frustraciones han alejado a cada integrante de tu familia que ha querido auxiliarte. Tan sólo el atractivo de la muerte parece seducirte, vas directo al precipicio, no te das cuenta. Has elegido el rumbo equivocado, siguiendo un camino pedregoso que quizás pueda concluir sin un retorno…