sábado, 20 de octubre de 2007

Dolor de Muelas

Mi cabeza se vuelve añicos. Un dolor punzante en mi boca, me mantiene, sin ningún grado de lucidez. Mi desanimo se acrecienta. La boca me sabe a arena y un líquido inoportuno exuda de mi frente. Un dolor desgarrador invade mi universo. Intenso y ardor se confluyen en un juego maquiavélico. ¿Por qué a mí?, me pregunté. Quizás es algún castigo divino, que se yo. Lo único que sé, es que estoy un día viernes a las 17:30 de la tarde, en una fila interminable. De pronto surge de las profundidades, un ser aborrecido por sus cualidades curativas, por sus instrumentos tenebrosos y dignos de cualquier filme cinematográfico de terror: el dentista. Con su sigiloso deambular, sus guantes de látex y su albino delantal inspira una atmósfera de curiosidad y misterio. Prepara su arsenal de herramientas, con una serenidad incomparable. Observo que una mascarilla blanca rodea su boca, abruptamente corta el silencio y dicta mi sentencia de muerte: Acomódese en el asiento, por favor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando padecemos de dolor de muelas este se vuelve tan punzante e insoportable que afecta al oído y a la cabeza. En la mayoría de los casos nos afecta en el desarrollo de nuestras actividades diarias. Las personas que nunca hemos visitado un dentista siempre sentimos temor cuando padecemos un dolor de muelas, pero que al final es la única solución que nos queda. En la mayoría de los casos cuando padecemos de dolor de muelas acudimos a los medicamentos analgésicos para calmar el dolor de forma efectiva.