Las carcajadas provenían desde la tribuna. Sin duda, el espectáculo ya había comenzado. Pero, ¿dónde están los artistas, domadores, malabaristas, contorsionistas, trapecistas, acróbatas, payasos y comediantes? Las luces enfocan a otras siluetas. El cetro ha sido cedido. ¡Silicona, escándalo, infidelidades, violencia, portadas de revistas y diarios capitalinos, desenfreno, ponzoña, veneno, acusaciones cruzadas, fracasos matrimoniales, conflictos! El señor Corales yace genuflexo a un costado del escenario. Su mirada se posa en un punto sin retorno. Su inseparable morada está desierta. De pronto, dejó el micrófono, su chaqueta y sus guantes blancos. Empapó varias veces su rostro en el lavabo. Se recostó sobre la red que había protegido durante décadas a los osados hombres de circo. El recinto que cobijó a cientos de niños y niñas sonrientes, ya no era el mismo de antes. Cogió su maleta. Aunque antes de marcharse debía contemplar, por última vez, la cuerda floja, las jaulas, el monociclo, los probadores, los atuendos y maquillajes, los accesorios, la cama elástica, las pelucas, el trapecio, los aros, los zancos, el local de venta de palomitas de maíz, pelotas plásticas, globos, algodón de azúcar, bebidas y dulces.


2 comentarios:
Guau, veo que hay un "enchulamiento" generalizado por aquí. Haz cambiado algunas cosas. Todo bien. Mucha suerte en todos tus proyectos. Salu2
Farandulero
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