domingo, 13 de julio de 2008

Silencios incómodos

Aquella tarde, el sol se tiñó de un tono magenta. A medida que las manecillas del reloj van transitando, los personajes de la trama van desenfundándose de sus aprensiones. El conductor iracundo. La muchacha que cruzó la acera en el instante más aciago. El anciano de aspecto ajado que sentado en una plazoleta, rememora los capítulos que forman parte de su desafortunado destino. La mujer que observa su figura en un espejo. El mismo cuerpo que jamás podrá engendrar un hijo. La niña que acusa a su padrastro de asaltar la tranquilidad de su recámara por las noches. El minero beodo que tras una noche de juerga en la taberna, termina internándose en la mitad del desierto. La prostituta que pernocta, trayendo el sustento diario a su hogar. Las manos voraces que se apropian de cada uno de los trozos, de su alma y de su mente. La sangre derramada en las masacres, en las guerras y conflictos bélicos. La mirada de una criatura herida. Las lágrimas derramadas. Los pañuelos que se baten al viento. Los silencios incómodos. Esas son las verdades que duelen, las que se ocultan, las que suelen convertirse en carne.