viernes, 11 de julio de 2008

Talón de Aquiles

Un relámpago dentro de tus oídos. O tal vez, es un zumbido devastador. ¡No piensas más! Caminas detrás de esa puerta. El rechinar de las tablas es tu sentencia. Presionas tus nudillos, sintiendo los átomos de oxígeno como ingresan bruscamente por tus pulmones. Palabras que hieren, que sangran, que estorban. Un silencio aterrador. La oscuridad de tu dormitorio. Sigues encorvado. Con los ojos entrecerrados. Te aferras a una diminuta almohada. Sus respuestas no parecen convencerte. Múltiples raíces brotan de un costado de la cama. Te atrapan, te absorben, alimentándose de tu vigor. Comienzan a cubrir cada centímetro de tu cuerpo. Ahora, eres un insecto, un monstruo, una fantasmagoría. Quizás, seas la mismísima encarnación de Gregorio Samsa. Pero lo más probable es que sean sólo el florecimiento de tus miedos, tus inseguridades, tus ansiedades. Aquellos momentos que los demás desconocen, donde surge tú talón de Aquiles. Esos instantes nocturnos de vulneración, llanto y de una soledad que se torna angustiante. El ser impenetrable se fractura. La grieta se ensancha. El material de asfalto se disuelve. La arena y el polvo son derribados violentamente por la acción del viento. El eco de la mortalidad, una vez más se hace presente.

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