La habitación vacía, nadie cabe dentro, ni siquiera tus pensamientos.Una mesita de escritorio, las sillas atestadas de libros a un lado de la sombría escalera y esa cama, refugio imperturbable de tus sueños, de esos sueños que desconocí, que jamás logré comprender. Las murallas atiborradas de anticuados recuadros, confeccionados tal vez por algún pintor de fama desconocida y esas hojas, donde realizabas anotaciones con una caligrafía ilegible, que solías adherir de una forma casi obsesiva a las murallas, quizás lo sabías, sentías una premonición de ese virulento Alzheimer, que te invadió sigilosamente un 23 de abril y te sumergió en una blanca masa absorbente, hambrienta de tus sueños, de tu mundo, de tu vida, de tu identidad, y de tus recuerdos. Sí, era el silencio el que irrumpió cada uno de tus proyectos, fueron las incoherencias que brotaban de tu boca, las que te ahuyentaron de los tuyos. Tus manos se tornaron frías, ya no eran humanas. El fulgor de tus ojos, se desvaneció. El calor de tu pecho, se fragmentó. Mi retina se cerró y de pronto, todo desapareció, el mal había avanzado; mi pecho sabía que nada volvería a ser como era antes. Juego de ajedrez, cuadros, tazas, sombreros, pinturas, cursilerías, bolsas, remembranzas, mi familia, exasperaciones, desdichas y regocijos, fueron fáciles presas de esta agonía incurable. De improviso, dos gotas saladas tiñeron de un gris otoñal mi camisón preferido.


2 comentarios:
Qué crudo y enternecedor a la vez...
Sorry por no ser tu lector ideal, pero ¿Esas gotas saladas eran sangre? Eso entendí al menos.
Feliz Año nuevo..
SAludos
Cari
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