miércoles, 27 de agosto de 2008

Sin nada

Los ojos no parecen convencerme, no veo una respuesta concisa y clara. Por el contrario, sigues apartándote, huyendo lejos, evitándome. En el bosque te encontré, tendida sobre las ramas de unos árboles. El contorno de tu silueta estaba iluminado por los tibios rayos de luna. Sentí el aroma del campo que presiona con frenesí el pecho. La fragancia de las ramas de eucaliptos tras una copiosa lluvia. El devenir de un cerro inexplorado, de una ruta desierta, de un amor no correspondido. Los laberintos de magma, los llantos a medianoche, la voz metálica del lamento recóndito, las frazadas no pueden cubrirme, no ocultan mis debilidades, mis llagas, mis cuestionamientos. Correr a un sitio remoto donde el cielo se funda con el mar, donde las hadas de los cuentos infantiles nos asombren con sus pociones y hechizos que todo lo pueden, donde los senderos cultivados de trigo sean un paisaje de contemplación y templanza. Definitivamente, no lo lograré. Pues aquellos monstruos transitan por mi habitación. Indefenso, sólo me queda aferrarme a mi almohada. Como cada noche.

1 comentario:

C. dijo...

¿Nada? Yo creo que te queda mucho aún...si de tu pluma surge lo que sueñas, puedes transmutar la totalidad de tus sueños.

ps: La gata vanidosa :P