El orgullo terminó por vencernos.
Te esperé durante días, tal vez meses o quizás años.
En la vía ferroviaria preferiste callar, mentir, olvidar.
Los recuerdos no logran desencadenarse en mi mente. No puedo beber este trago amargo, mi garganta está seca y roñosa, herida de un dolor incurable.
Las lágrimas no purifican mi dolor.
Las noches en vela, cuando contemplo la luna llena, me sumerjo en un melancólico estado de desesperanza, congoja y aflicción.
Pareces sonreír en un estado de sopor, de éxtasis, de júbilo.
Me ignoras, me matas, me dañas.
Me robaste, arrancaste de mí, esa dosis de tranquilidad. No puedo conciliar el sueño, me invades, hasta en mis pensamientos, no puedo situarme.
Arrinconado en una baldosa, en una azulosa tonalidad de abandono; las pastillas multicolores resbalan súbitamente en mí; los silencios se turban inquietantes, desoladores, irrespirables; no consigo pernoctar; mi refugio ha involucionado; oscuro y tétrico; incomprensión y rechazo; omisión y caos; insomnio y desfallecimiento; risas que no se concretarán; proyectos que no alcanzarán a ver la luz; ilaciones discursivas que nunca enunciaste. Ahora sé, que mi postergación es tu felicidad y tú prosperidad es mí preterición. Adiós.
Te esperé durante días, tal vez meses o quizás años.
En la vía ferroviaria preferiste callar, mentir, olvidar.
Los recuerdos no logran desencadenarse en mi mente. No puedo beber este trago amargo, mi garganta está seca y roñosa, herida de un dolor incurable.
Las lágrimas no purifican mi dolor.
Las noches en vela, cuando contemplo la luna llena, me sumerjo en un melancólico estado de desesperanza, congoja y aflicción.
Pareces sonreír en un estado de sopor, de éxtasis, de júbilo.
Me ignoras, me matas, me dañas.
Me robaste, arrancaste de mí, esa dosis de tranquilidad. No puedo conciliar el sueño, me invades, hasta en mis pensamientos, no puedo situarme.
Arrinconado en una baldosa, en una azulosa tonalidad de abandono; las pastillas multicolores resbalan súbitamente en mí; los silencios se turban inquietantes, desoladores, irrespirables; no consigo pernoctar; mi refugio ha involucionado; oscuro y tétrico; incomprensión y rechazo; omisión y caos; insomnio y desfallecimiento; risas que no se concretarán; proyectos que no alcanzarán a ver la luz; ilaciones discursivas que nunca enunciaste. Ahora sé, que mi postergación es tu felicidad y tú prosperidad es mí preterición. Adiós.


1 comentario:
Q triste!!
pero bello.
Siempre hay una dosis de espamosa
beatitud estética en el dolor.
Por muy terrible que este sea.
Besos
(A ver cuándo pasas por mi blog)
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